Afortunadamente (creo yo) nunca he perdido un objeto que tenga mucho significado para mí, ni mucho menos a una persona importante durante lo largo de mi vida. Pero, algo que sí he perdido durante todos estos años y no sólo de los míos, durante los años de cualquier ser existente en este mundo; es el tiempo. Entré en conflicto para seleccionar el tema del que debía hablar en mi escrito, porque verdaderamente no sé si el tiempo sea un objeto, si existe o no existe, si valga la pena hablar de él o no. Sin embargo, como ya lo mencioné antes, aún no he perdido nada que tenga demasiado valor para mí, mas que el tiempo.
Siempre he pensado que el tiempo es el único espacio que no se puede recuperar. El dinero, los amigos, los objetos materiales, etcétera se pueden volver a obtener de una u otra manera; pero el tiempo no, el tiempo nunca. Págame 10 minutos, ¿cómo lo harías? Simplemente es imposible.
¿Y desde cuándo empecé a valorar tanto mi tiempo? No tiene mucho, de hecho, no tiene más de 3 meses. Hace poco, tuve la oportunidad de viajar a Londres completamente solo, con personas de mi edad que en ese momento eran desconocidas para mí; pero, con el paso de los días, se volvieron mis amigos y más adelante, mi familia. Con ellos, disfruté una de las mejores experiencias que he tenido en mi corta vida, conociendo un nuevo lugar y obteniendo una nueva visión por el mundo. Fue así que durante dos largas semanas de estadía en esa bella ciudad comenzaba a notar que el regreso a México se acercaba cada vez más; por lo tanto, supe que tenía que disfrutar cada segundo que me encontrara en un lugar al cual no regresaría pronto. Y así fue. Los últimos días que me encontré en Inglaterra fueron sin duda alguna los mejores de mi vida.
Al regresar a mi país, a la tierra del tequila y el mezcal, me fue difícil comprender que ya no me hallaba en esa otra ciudad y que faltaría mucho para ir de nuevo. Durante el trayecto en auto hacia mi casa, hablé muy poco con mi familia, decidí dormir aferrado a mi mochila de viaje que me acompañó en toda mi travesía, disfrutando aún todos esos momentos especiales que seguían frescos en mi mente, sabiendo que parte de mí se quedaba allá y una nueva manera de pensar y observar el entorno venían a mis pensamientos.
¿Quién no daría cielo, mar y tierra por regresar al pasado y poder revivir todos esos instantes únicos ya vividos? Cualquiera lo haría; sin embargo, lograr esta hazaña es prácticamente una utopía. Al pensar esto por primera vez, me di cuenta que el tiempo se pierde diario y está en nuestras manos el disfrutarlo o el desperdiciarlo, el saber qué hacer con él, el lograr aprovecharlo.
No me siento mal, pero sí un poco triste. Al día siguiente de mi retorno, comencé a recordar, a revivir todos esos momentos y reír de nuevo, sabiendo que disfruté completamente de todo el tiempo perdido en ese lugar. Entonces, supe que a partir de ese instante, tendría que encontrar la manera de no malgastar mi tiempo, de saber utilizarlo.
El pasado es insustituible, no se puede cambiar; por lo tanto, ya no puedo modificar todo el tiempo que perdí antes del viaje que me haría abrir los ojos. Cometí el error de no haber practicado ningún deporte, de no iniciar desde temprana edad el aprender a tocar un instrumento, de no enlazar afectivamente mucho más las amistades que ahora ya no tengo. Todo esto, en la secundaria. La preparatoria es ahora una etapa más difícil en donde cuesta mucho conseguir un poco de tiempo libre, pero es el precio que hay que pagar para obtener tiempo de estudio, el cual nos ayudará en un futuro.
Todos perdemos el tiempo, sea para bien o sea para mal. La ventaja, es que podemos sacarle partido. Lo bueno y a la vez lo malo de la vida es el tiempo.