¡Hola! Actualmente escribo y publico con mayor frecuencia en mi página de Tumblr (nubesqueauntepienso.tumblr.com). Por favor visítala, síguela y recomiéndala. No sabes lo importante que es tu apoyo para mí. ¡Muchas gracias por leer mis textos y feliz 2016 2018 2019!

14 abr 2014

Receta para escribir realmente [inserte adjetivo].

Para vivir una experiencia alternativa de RECETA PARA ESCRIBIR REALMENTE [INSERTE ADJETIVO] es sugerido que leas el texto con la siguiente música de acompañamiento. Recuerda empezar a leer 40 segundos después de iniciada la pieza. 

Escucha el tema dando click al icono verde de la barra de reproducción. Es importante saber que ésta no es visible en dispositivos móviles.

Son of Flynn (Remix) - Delay P
 

La búsqueda de los ingredientes para preparar un buen (o mal) escrito es infinitamente sencilla, sólo tome tinta y papel, o si lo desea, encienda el aparato tecnológico personal de su preferencia. Dependiendo del efecto que quiera causar en su texto, busque un lugar oscuro, pequeño, algún sitio en donde nadie pueda molestarlo durante el proceso de escritura en caso de romanticismo, inspiración, cartas de amor que nunca dará a la chica que pasea en bicicleta por su imaginación o ridículos problemas existenciales. El chef recomienda establecerse en áreas como debajo del escritorio de la oficina de su padre, la azotea de la casa de su tía Josefina, el último pasillo de la biblioteca del colegio o el tercer cubículo del baño para mujeres del restaurante “Don D y algo más”, este último para hablar preferentemente de sus supuestos dilemas íntimos, ya que los gemidos de Doña Cleopatra producidos a causa de Jaime, mesero encargado de las mesas dos y tres, le ayudarán a sentirse más solo. Si usted prefiere cocinar una hilarante aventura de su pasado, una vieja anécdota, un bello recuerdo o una historia que llegue a hablar de dragones, naves espaciales y demás sueños como los que tiene un servidor, vaya a un punto concurrido. Aproveche su aburrida clase de Anatomía, tome asiento en las banquitas del parque más cercano a su hogar o visite la cafetería de moda mientras degusta de un magnífico té, o eso al menos, lo que el precio le hace creer.

Piense en el último beso que dio a esa persona especial, recuerde la vez que en su infancia cayó por no tener los cordones atados, reviva ambos sentimientos y mézclelos con el tono de su pluma o las teclas de su máquina. Empiece la magia. Vuélvase a imaginar en las playas de Caleta, cuando su compadre Reyes resbaló con el salvavidas de su ahijado y fue a caer en la piscina con todo y cervezas. O crea en aquel héroe que aún nadie conoce, ese que usted está a punto de inventar. Combine su viaje a Cuba con una pizca de ficción y viva amores inexistentes como el que tuvo con Rosita. Cocine a fuego corona, tómese todo el tiempo que necesite, da igual si es una hora, dos días, tres semanas o cuatro meses. Aplique música al gusto, no es necesaria pero en verdad puede ayudar. No olvide regresar una que otra vez a lo ya anotado, es importante pues puede encontrar errores que antes no había encontrado, problemas que hagan que quizá su texto no siga una línea recta, equivocaciones en cuanto a su redacción y, principalmente, faltas de ortografía. Pero lo más importante y que bajo ninguna circunstancia debe dejar que suceda, es abandonar por más de siete días su proyecto. Le será más fácil empezar con un nuevo sueño que retomar el anterior, y esto ya de por sí, es muy complicado. No se rinda, tire la toalla de tirar la toalla y continúe. Verá que su esfuerzo será recompensado con un exquisito olor a letras nuevas y, sin darse cuenta, su poema frustrado, la emocionante historia del misterioso Dr. Sueño, su declaración a Tabata y hasta un recuento día a día de su vida, estarán listos para leerse.

El chef garantiza que si la receta es seguida de manera correcta, usted no le dará mucha importancia a la reacción pública, pues dentro de su cuerpo habitará algo más que una enorme satisfacción: un gran orgullo. Por último, si quiere y puede, dedique su obra a esa mujer, hombre, animal, cosa o niño en quien pensó mientras escribía su texto; como un servidor a la chica que le inquieta, por la que está dispuesto a escribir, describir e inmortalizar.

Recuerde muy bien esta prescripción, guarde su bolígrafo o apague su computador y vaya a descansar. Uno nunca sabe cuándo estará listo para volver a crear.

14 feb 2014

Otro ridículo microcuento.

Mis labios tocan los suyos y trueno la boca, nuestro contacto dura muy poco. Digo que me gustan así, como un microcuento. Ella sólo ríe y me devuelve el beso, ¿acaso es porque no le gustó?

16 sept 2013

Absurda historia de amor.

Para vivir la experiencia completa de ABSURDA HISTORIA DE AMOR es necesario que leas el texto con la siguiente música de acompañamiento. Recuerda empezar a leer 25 segundos después de iniciada la pieza.

Escucha el tema dando click al icono verde de la barra de reproducción. Es importante saber que ésta no es visible en dispositivos móviles.

Adagio For Tron - Daft Punk
 

Aún no lo creo, en verdad no puedo hacerlo. Simplemente estar frente a ella es tan extraño... ¿Cómo es que una mujer tan hermosa puede darle importancia a un ser tan irrelevante como yo? Sin embargo aquí sigue, me puedo ver en sus ojos y también ella se mira en los míos. Una sonrisa torpe emerge de su rostro, ¿también le gusto? Llevo dos semanas de conocerla y aunque sea poco, siento algo muy extraño en todo el cuerpo. ¿Así es como se debe sentir? ¿Así es como recordaré nuestra historia? ¿Como una mezcla de sensaciones inexplicables?

Está aquí, delante de mí, sólo nos vemos. La gente que pasa a nuestro alrededor importa un bledo. ¿Qué esperamos? ¿Un saludo? ¿Un beso? ¿Un abrazo? Nada, no estamos buscando nada. No tiene mucho que sé de ella, empezamos a hablar por casualidad y sin embargo he caído, estoy enamorado de todo su ser y no puedo evitarlo. ¿Cómo no ruborizarse con esos ojos que brillan por sí solos? ¿Cómo no sentirse tan bien cuando escuchas, después de un mal día, su bella voz? Esa expresión corporal tan suya detuvo el tiempo y creó en mi corazón las ganas de volver a querer, pero no sé si saludarla de una buena vez...

Alza su mano y la agita, ¿lo está haciendo? ¿Me está saludando? Nervioso, respondo a su saludo con el mismo movimiento. Decido caminar, me acerco a ella que ya viene, pero alguien más pasa delante de mí, con la misma exaltación que la suya. Es otro muchacho. Se abrazan y él se quita el abrigo para cubrirla del frío. Le da un beso. Son pareja. Posteriormente, se toman de la mano para juntos, iniciar con un paseo. Los miro caminar, felices, hasta que desaparecen de mi vista.

Jamás me vio, ni siquiera notó mi existencia. No era a mí al que saludaba, nunca se enteró de que estaba aquí. Pero al menos sonrió, aunque no fuese conmigo, aunque nada de lo que pensé se hará realidad.

Aún no lo creo, en verdad no puedo hacerlo. ¿Por qué la mujer que sé, fue hecha para mí, ya está con alguien más? ¿Es porque yo no soy tan atractivo? ¿Es porque lo único que sé hacer bien es escribir? Es porque yo... porque yo no fui hecho para ella.

12 ago 2013

Lada: Parte II.

Continuación de LADA.
...

Todo está completamente oscuro, no puedo notar nada a mi alrededor. Empiezo a caminar. Espantosos crujidos se escuchan del suelo, nunca sabré qué es lo que estoy pisando ni pretendo saberlo, lo único que quiero en este momento es huir, pero el terror con el que llamó Sofía me impulsa a seguir adelante. Pienso, vagamente, en la esperanza de volver a ver a mi hija, aunque esto no sea posible, es esa la pequeña luz de fe que me ha mantenido vivo todo este tiempo. La oscuridad me traga, no puedo resistir más, tomo mi teléfono y enciendo la pantalla. Contemplo un pasadizo enorme frente a mí, lleno de obstáculos y olor a mierda. El drenaje es inmenso y tengo que encontrar a Sofía inmediatamente si aún la quiero ver con vida. Corro, buscando el punto azul de nuevo, sólo puedo fijarme en la ubicación de su celular y al no observar algo más, caigo. Y con la caída, mi teléfono muere. Estoy perdido.

–¿¡Sofía!? ¿¡Sofía!? –grito, con temor a que la descubran. Ya no me importa estar en el suelo, envuelto en desecho fecal y oscuridad, sigo arrastrándome, buscándola entre el negro.

Algo me ilumina, e inmediatamente siento una patada en las costillas. El sujeto me toma del cabello y seguido me levanta, escucho el sonido de una pistola al cargar y comienzo a sentir frío en la garganta. Me está apuntando.

–¿Quién eres?–la voz del extraño es gruesa y desesperada–. ¿¡Que quién eres, cabrón!?
–Nicholas–respondo, aún con el dolor de su golpe enfurecido–. Soy Nicholas.
–¿Qué quieres? ¿Por qué gritaste su nombre?
–La estoy buscando, ¡agh!–el tipo clava el arma en mi cuello–. ¡Es verdad! ¡Busco su teléfono!

El hombre grita de rabia y vuelve a golpearme, siento la pistola más cerca de mi cara, más profunda. Se acerca a mí, lentamente y susurra, con un enojo inmenso: “¿Por qué?”.

–¡¡¡NO!!!–grita alguien a lo lejos, seguido de un disparo. Sofía.

El sujeto recibe el balazo y cae. Volteo desorientado, otro hombre está frente a mí, a no más de dos metros de distancia. Tiene a Sofia como señuelo, la está abrazando por detrás. En una mano sostiene su cuello, con el arma, en la otra tiene un teléfono, el de mi hija.

–¿Buscas esto?–pregunta amenazante, moviendo el celular.
–Déjala ir.

El hombre dispara al techo, seguido me apunta. Sofía llora inconsoladamente.

–¡Responde!
–¡Sí! ¡Y también a ella!
–No, esta princesa viene conmigo.
–Oye, ya obtuviste lo que querías, déjala.

El secuestrador suelta una carcajada enorme, repleta de cinismo.

–¿Por qué? Si todavía puedo conseguir más.
–¡Maldito enfermo!

Corro hacia él, lleno de ira, pero responde más rápido que yo, retrocede y vuelve a fijar el arma en Sofia, quien grita de miedo. No tengo nada que hacer, debo detenerme y lo hago.

–¡Wow, wow! Para, amigo. ¿No querrás perderla, o sí?
–Por favor, ya suéltala. ¿Qué es lo que quieres?
–Jum, ¿te conozco de algún lado? Tu voz me resulta familiar, esa plegaria la he escuchado tantas veces… pero ninguna como la manera en la que tú la dices, gringo estúpido. ¿Por qué estás aquí? Ella no es tu hija. ¿Nicholas? ¡Ah sí! Nicholas… ¿Qué no la reconoces? Alejandra ya no está con nosotros.
–¡¡¡Hijo de perra!!!

Vuelvo a abalanzarme hacia él, quiero golpearlo, quiero torturarlo, hacerlo sufrir hasta morir. Y es ahí cuando veo todo en cámara lenta, ¿esto es lo que se siente antes de perder la vida? Sofía extiende la mano hacia mí, agitada, llorando, grita mi nombre mientras el secuestrador corta cartucho para dispararme y lo hace. Siento un dolor terrible, muy caliente en el hombro derecho. Caigo al suelo automáticamente, no puedo ver nada, mi cabeza arde. Escucho cómo ese desgraciado vuelve a cargar el arma. “Por favor, no”. Y un disparo más es descargado, pero no contra mí. Sofía grita. ¿Sofía? Alguien cae. Abro los ojos, impactado. No la veo donde debería estar, tampoco a él. Recupero la razón, mi mente ha dejado de silbar y puedo percibir un lloriqueo. Volteo de inmediato, es ella, sigue aquí. Está abrazando al primer hombre que me amenazó, el que me golpeó en las costillas. Es su padre.

–¿Sofía?–murmuro, con dificultad–. Gracias al cielo estás bien.

Ella, junto a su padre se acercan a mí y ayudan a levantarme, el señor está herido también, o eso parece. Al estar firme, observo, en el suelo, el cadaver del secuestrador. Sofía me abraza, aún sollozando y con mucho cariño, a pesar de que esté lleno de olor y materia desagradable en toda su totalidad.

–Gracias por salvarme, Nicholas–pronuncia. Su voz es más dulce que por teléfono.
–No te preocupes, Sofía.
–No, en verdad–su padre me mira, con los ojos rojos también–. Muchas gracias por ayudar a mi niña y perdone por haberle golpeado con tanta brusquedad, no sabía que usted…
–Descuide, señor–sonrío, aún con el dolor de su patada y la bala en el hombro–. Pero, ¿cómo llegó hasta aquí?
–Soy policía, agente, por así decirlo. Supe de su caso, de su hija, el secuestrador era el mismo. Usted reportó su teléfono hace tiempo, y lo guardé en la cámara de seguimiento por si algún día, aquél desgraciado llamaba con él. Cuando vi que estaba activo de nuevo, no dudé en localizarlo, porque sabía que ese infeliz estaba ahí, detrás de todo esto. Y tuve la esperanza, señor, sentí en mí la oportunidad de volver a ver mi hija–comenzó a romper en un llanto silencioso, estaba feliz y a la vez consternado.
–¿Te volviste oficial, papá? ¿Por mí?–preguntó Sofia, ya con menos lágrimas.
–Sí, mi niña, por ti.

La imagen de lo que veo ahora está llena de mucha esperanza, de sueños que parecían rotos pero, al final de todo, son alcanzados. Sofía y su papá se abrazan por tanto tiempo y sólo estoy ahí, observando, con un sentimiento tan extraño en mi interior. ¿Dónde estás, Alejandra? ¿En un lugar mejor, acaso?

–Sofía–menciono–. Disculpa el atrevimiento, sé que no es correcto preguntar en este momento lo siguiente, ya que apenas salimos de esto pero… ¿había más gente secuestrada en donde estabas?

Me mira por unos instantes y después hace lo mismo con su padre.

–S… Sí… Hay más gente dentro…

Su padre voltea hacia mí. Inmediatamente, toma de su chaleco un walkie talkie.

–Será mejor llamar refuerzos.


Horas después llegó la policia. Rescataron a cinco víctimas más, Alejandra no era ninguna de ellas. También capturaron a otros dos secuestradores, ambos hablaron para tener una sentencia menos estricta.

–Secuestraban a niñas de entre 15 y 18 años de edad para explotarlas en la frontera. Las mantenían encerradas durante meses para que ellas solas accedieran a realizar lo que les pedían, esos infelices les mentían diciendo que las dejarían libres, Nicholas, pero nunca era así.
–Eso quiere decir que… Alejandra…
–Aún hay esperanzas, amigo.

Otro oficial se acerca hacia nosotros.

–Señor Raúl, el jefe quiere hablar con usted.
–De acuerdo–responde–. Perdona, Nicholas.
–Descuida.

Mientras ellos se marchan, puedo ver a Sofía acercándose a mí.

–Hola Nico, ¿cómo está tu hombro?
–Ya mejor, Sofía, gracias.
–Me alegro mucho.

Ambos miramos a la nada, esperando.

–Y… ¿ahora qué harás?–me pregunta.
–Buscarla, debo encontrarla.
–Te ayudaremos en lo que se pueda, ya lo hablé con mi pa´.
–Muchas gracias, Sofía, en verdad no sé cómo…
–No hay nada que agradecer, Nick–sonríe–. Toma. Fue difícil quitárselo a los oficiales pero, aquí está. 

Sofía me entrega el teléfono de Alejandra. Sigue casi igual, con algunos raspones de más. Oprimo el botón de inicio y al desbloquear el celular, éste está abierto en la aplicación de mensajes. Hay uno que no se envió, es para mí. “Hola pa, estoy saliendo de la plaza, en el centro, ya voy para la casa. ¿Quieres que te lleve algo? Te quiero muchísimo”. Tiemblo. Presiono el botón de inicio otra vez y como fondo de pantalla tiene una foto de nosotros, sonriendo enormemente y con un lema encima de mí, no puedo evitar llorar. “El mejor papá del mundo”.

4 ago 2013

Lada.

Espero treinta segundos, tomo mi teléfono y busco la localización del suyo. Aún no está activado. Temo porque Sofía no pueda llegar a encontrar la función y caiga en manos de esos asquerosos hombres. Cierro los ojos, impaciente. Trato de no imaginarme lo peor. Miro de reojo otra vez el celular y nada. Sólo queda esperar. Son otros veinte eternos segundos los que pasan para que, por fin, pueda conocer su ubicación. Es en el centro de la ciudad, justo donde Alejandra se perdió. Tomo las llaves del auto y un poco de dinero, salgo de inmediato de mi departamento y empiezo a correr como nunca, enciendo el Attitude que hace tanto no usaba y emprendo camino hacia el apoyo que esa chica necesita de mí. Piso a fondo, sin importarme las normas de seguridad, sin importar si algún oficial intenta detenerme y sacarme algo de efectivo. En mi vida había visto tan poco tráfico y entonces aprovecho para tomar atajos que me harán llegar más rápido al lugar. El punto azul que marca la localización de Sofía está cada vez más cerca, hasta que por fin llego a él.

Cuando me doy cuenta de ello, freno de una manera exageradamente agresiva y al pararse el coche, salgo de ahí. La avenida está vacía, oscura, no hay ninguna señal de vida en ese lugar. Empiezo a caminar, tratando de buscar algo o alguien, pero el resultado siempre es el mismo, nada. Vuelvo a mirar su ubicación en mi teléfono, creyendo que quizá he visto mal, pero no es así, aquél pequeño círculo azul marca con exactitud esta zona, justo en donde yo estoy parado. Comienzo a desesperarme, trato de buscar en lo poco que hay de la calle una señal, pero nada da con una respuesta. Sigo caminando, impaciente, casi corriendo, entonces, tropiezo con lo que parece ser una alcantarilla. “¿Será posible?” pienso, “ya no hay tiempo”. Jalo de inmediato las pequeñas rejas que ésta tiene con toda mi fuerza, para poder abrirla y entrar. El olor es asqueroso, pero sin dudarlo, salto a sus adentros.


Hoy llamó. Hoy volvió a llamar. Creí que era una broma, que alguien había tomado su teléfono y seleccionado el número al azar. No fue así. ¿Era ella? ¿En verdad era ella? No reaccioné al momento. No pude evitar paralizarme al ver su nombre en mi celular. Y el aparato vibraba, y yo me quedaba ahí, leyendo una y otra vez para comprobar que no estaba equivocado. El timbre de llamada dejó de sonar. ¿Colgó? ¿Terminó el tiempo de espera? “¡Idiota!”, repetí mientras golpeaba mi cabeza contra la pared. “Esto no puede quedar así”. Desbloqueé el celular y le marqué de inmediato. Sabiendo que por mucho tiempo lo intenté sin resultado alguno, temiendo que esto volviera a suceder, comenzar de nuevo con mi sufrimiento, uno más profundo. Alguien contesta, soy el primero en hablar.

–¿Hola?
–¿Papá?
–¿Alejandra?
–No… ¡No! ¡No!

Patadas y llantos ensordecidos comenzaron a escucharse del otro lado de la línea. ¿Qué ser tan despiadado y cruel podría hacer este tipo de broma a un hombre que perdió su todo, que perdió a su hija? La sombra de aquel dolor escondido volvía a asomarse por mi mente, mis ideas aún no estaban claras, tenía que conseguir más información, saber quién era la susodicha que se encontraba en el teléfono interlocutor.

–¿Quién eres?
–¡No!
–Por favor, dime tu nombre.
–¡Ellos me mintieron! ¡Dijeron que me darían el número de papá!
–¿Quién es tu padre? ¿Quién eres tú?
–No… No…

Los lloriqueos crecían cada vez más. No era Alejandra, mi hija, eso estaba claro. Pero era alguien engañado quien llamaba con su teléfono. Un número que, seguramente ellos, los que atraparon a mi niña, los que la llevaron a un lugar que nunca conoceré, le habían entregado.

–Por la manera en la que te escucho, sé que tu situación es muy difícil, pero ambos tenemos que relajarnos.
–¿Cómo quieres que me relaje si he llevado secuestrada más de seis meses?
–Dios santo.
–Yo sólo quiero regresar a casa, volver a tener cerca los brazos de mis padres…

Su voz no era muy madura, los gritos que soltaba parecían de una adolescente, de quizá 15 o 16 años. Estaba en peligro, tenía que ayudarla, no podía permitir que le pasara lo que le pasó a mi hija, a mi Alejandra que no lo merecía, a mi mujercita, que se encontró en el lugar y la fecha menos indicados.

–¿Cómo te llamas?
–…
–¿Hola?
–¿Por…? ¿Por qué tendría que decirte mi nombre?
–Estás llamando con el número de mi hija, ella también fue secuestrada, desde ese día nunca volví a verla. Creí que eras ella. Tú sabes, la esperanza es lo último que muere…
–Ellos me dieron este teléfono.
–¿Quiénes son ellos?
–Ellos, los que me secuestraron. Dijeron que me dejarían libre, que me darían un celular para que llamara a mi papá y pidiera mi rescate. Sólo tenía que… Yo sólo...
–Ya no llores, por favor, sé que esto es muy complicado pero…
–Tenía que dejarme tocar.

Mi corazón se detuvo por un instante. Todo mi cuerpo se congeló. Esos infelices la violaron, esos desgraciados sin vergüenza hicieron con su cuerpo lo que les pegó la gana, la ultrajaron.

–Sólo… sólo eso. Tener sexo, hacer cosas horribles, asquerosas con ellos… Di… Dijeron que si lo hacía me darían el teléfono con el número de mi padre, solamente tenía que seleccionar al único contacto que apareciera en la agenda y llamar. E… Ellos… Ellos me mintieron… No… ¡No!

Tardé en responder. No sabía qué hacer, cómo reaccionar, cómo…

–¿Cómo puedo ayudarte?
–Sa… Sácame de aquí, llama a mi papá.
–No sé quién es, ni siquiera sé quién eres tú.
–Mi nombre… mi nombre es Sofía.
–Hola, Sofía. Sé que no es momento para presentarnos pero, tal vez nos pueda tranquilizar. Yo soy Nicholas.
–¿Nicholas? Qué bonito nombre.
–No es de aquí, mis padres son americanos. Nací en Estados Unidos, por eso el nombre. Pero años después, conocí a una mujer extraordinaria, ella era mexicana. Entonces decidí venirme para acá.
–¿Quién es ella? ¿Cómo se llama?
–Se llamaba Alejandra, como nuestra hija. Falleció cuando la dio a luz.
–Yo ten… tengo el teléfono de tu hija.
–Lo sé, Sofía. Por eso no contesté cuando llamaste, por eso quise marcar y saber quién estaba detrás de la otra línea. Y eres tú, que estás pasando por algo muy duro y quiero que dejes de estarlo. Dime, ¿recuerdas el número de tu padre?
–No… He estado tanto tiempo encerrada que me cuesta recordar cómo pasó todo. Al salir e…

Un golpe espantoso se escuchó desde el otro lado del teléfono. Parecía el sonido de un portazo, Sofía gritó. Por la inestabilidad que oía desde mi celular, deduje que había comenzado a correr.

–¡Nicholas! ¡Vienen por mí!

No. Ya no le podía pasar nada mucho peor a esa niña. Era tiempo de reaccionar y detener esta mierda de juego. ¿Cómo lo haría? Entre uno de los tantos recuerdos que tuve con mi hija Alejandra, recordé una de las funciones que siempre me restregaba y que siempre creía inútil de su teléfono inteligente.

–¡Sofía! ¡Escucha!
–¡Rápido! ¡Me atraparán!
–Tienes que colgarme, Sofía.
–¿Qué? ¡No! ¡Por favor ayúdame!
–Lo haré, por supuesto que lo haré, pero debes seguir mis indicaciones.

Un ruido que jamás pensaba escuchar sonó en el fondo de esa llamada. Disparos. Sofía gritaba.

–¡Cuelga! Y al hacerlo, busca en las opciones del teléfono la función “localización”. ¡Actívala y escóndete!
–¿Prometes venir por mí?
–Te lo prometo, Sofía.

Más disparos comenzaban a sonar, recé porque ninguno de ellos le diera.

–¡Cuelga! ¡Busca un escondite y quédate en él!

Y la llamada terminó.

11 may 2013

A ritmo de tus latidos.

Para vivir la experiencia completa de A RITMO DE TUS LATIDOS es necesario que leas el texto con la siguiente música de acompañamiento. Recuerda comenzar a leer cuando la letra de la canción comience también.

Escucha el tema dando click al icono verde de la barra de reproducción. Es importante saber que ésta no es visible en dispositivos móviles.

For You - Coldplay
 

Está lloviendo. Siempre has dicho que la lluvia te recuerda nuestro amor. Cuando lo somos y cuando lo hacemos. Como ahora, que vivimos ambos. Y tus manos abrazan mi cuello para acercar mi cara a la tuya. En tus besos puedo sentir un "te amo" no dicho, un movimiento que pide "no me dejes nunca". Y no lo haré. ¿Por qué habría de hacerlo? Doy una pequeña mordida en tu labio inferior y sonríes, como la primera vez que nos besamos. Sujetas fuerte mis brazos y recuerdo cuando me empezaste a enamorar, no lo notaría hasta aquella obra en la que nos sentamos juntos. Jugueteabas con mis manos y cuando me susurrabas al oído, sentía tu boca muy cerca de mí, mordiéndome la oreja tan rico. Besas mi cuello como sólo tú sabes hacerlo, como lo hacías cuando te abrazaba en la prepa, a mí y a todos los del salón. Tus piernas toman mi cintura y me empujan hacia ti, tus ojos crecen, tan inmensos que en ellos puedo volver a verte, sorprendida al decirte esas palabras. "Mierda, me gustas". A pesar de que eras mi amiga, de que nunca permití a mi cabeza la opción de mirarte como algo más, de creer en que jamás llegaría a sentir esto por ti, de saber que cada semana te enamorabas de alguien diferente. Después de todo, ganaste la batalla de mi pensar.

Está lloviendo y las gotas caen a ritmo de tus latidos, tan rápidos y tan jadeantes. Como nosotros que ponemos música a la lluvia, al paso de gritos y orgasmos que hacen a la noche más viva y a tus besos más dulces. Me hacen revivir los momentos, las memorias de escondernos en las fiestas y amarnos. De mentirle a tus amigas y a mis hermanos, hacerles creer que nunca nos verían juntos. Y ahora lo estamos, tan pegados que podemos ser uno por segundos. Me besas como si fuera la última vez, igual que la primera. Me miras y puedo verme en tus ojos, tan brillantes y cristalinos, viviendo en ellos nuestra primera charla, nuestro primer helado, nuestro primer suspiro, nuestro primer "te amo". La palma de tu mano toma mi mejilla izquierda, cómo quisiera tenerla ahí por siempre. Te retuerces y vuelves a besar todo mi cuerpo, yo te levanto para lamer con delicadeza los huesitos de tu cuello. Cada vez vamos más rápido y más intenso. Cada vez me voy sintiendo más infinito a tu lado. Bésame, abrázame, muérdeme, ámame. Haz que la lluvia reviva nuestro secreto. Haz que cuando calle, callemos también nosotros y el amor que estamos viviendo.

27 abr 2013

El fantástico Señor Click.

Creador de falsas ilusiones y esperanzas secas. Muchos veían en él un héroe, pocos veíamos un farsante. Cumplía todo lo que le pedías a cambio de nada. Mujeres, casas, amor, autos, riquezas, lujos y demás. Pero sólo te ayudaría si en verdad tenías un buen corazón. La gente lo llamaba Señor Click, los que no creíamos en él, Oz, ya te imaginarás por qué. Para encontrarlo, bastaba con esperar a las tres de la mañana en cualquier parte de la ciudad con una lámpara de mano y un radio, el lugar debía de ser oscuro y al terminar de sintonizar al aire la estación de tu preferencia, debías apagar y prender la luz de tu pequeña amiga mientras la distorsión del aparato se escuchaba. Según los rumores, Oz tenía una excelente percepción del sonido y gracias a esto, escucharía con facilidad los clicks de tu lámpara. Si corrías con suerte, llegaría al poco tiempo contigo y empezarían a charlar, los que lo vivieron, comentan que Oz hablaba de cualquier cosa, como si fuese una persona, muchos creían que lo era. Mediante sus pláticas, él sabría (o deduciría) qué tan buena gente pedía su llegada y; si en verdad eras noble y puro, cumpliría uno solo de tus caprichos.

Quizá pienses que era bueno, pero te equivocas, siempre fue el ser más despiadado y cruel sin que nadie lo supiera. Cuando los humildes obtenían lo que pedían, olvidaban su bondad y se convertían en personas envidiosas, consumidos por la avaricia y una absurda idea de tenerlo todo con unos cuantos clicks. Muchos lo volvían a llamar pero él ya no les cedía su petición, pues ahora eran gente burda y egoísta, personas que ya no pensaban en nadie más, mas que en ellas mismas, haciéndolos caer en desesperación, loquera, un estrés estúpido al saber que ya no tendrían sus sueños a la mano. La gran mayoría buscaba venganza, seguir actuando mal, otros preferían una respuesta más fácil y acababan con su vida. Eran pocos los que regresaban a ser los mismos. Aún así, aunque la gente conociera las consecuencias, seguían llamándolo y él seguía acudiendo, "yo no caeré en su truco", prometían todos y cumplía nadie.

Decidí ignorarlo hasta saber que una de mis más grandes amigas lo había invocado. La pobre, que desde que la conocí buscaba alguien para amar, pidió al hombre que querría a su lado por siempre. Y llegó, no era yo, por supuesto, y eso de cierta manera me entristeció, siempre creí que mi vida terminaría a su lado, tomados de la mano. Llegó pero no para quedarse, ella lo amó, sin duda alguna, pero él a ella no. La mujer sólo había pedido amar, olvidando la parte más importante, ser amada. Y sí, desde ese momento, aunque aquél hombre era otra falsa promesa del "grande, misterioso y poderoso" Oz, ella ya nunca quiso estar con nadie más, buscándolo, creyendo que regresaría. Pensó en esperarlo en otro mundo, yéndose de éste, dijo que cuando él volviera y supiera que ya no estaba más aquí, también se iría para estar juntos, de nuevo, en el limbo. Se pegó un tiro. Fue una extraordinaria patada de la vida para mí, era la única que en verdad me importaba. Quería su regreso, quería volverla a tener y decirle las cosas que nunca le pude decir, hacer que olvidara su falsa ilusión y amarla más que antes, declararle mi amor. ¿Y si se lo pedía a Oz? ¿Y si el fantástico hombre cumpliera lo que tanto anhelaba? Era increíble, totalmente ilógico a la vida del ser humano. Sin embargo, la quería de vuelta. Estaba decidido a llamarlo.

Los rumores no tardaron en llegar, la gente empezaba a conocer mi historia y quería ver el acontecimiento con sus propios ojos, saber si el mágico Sr. Click cumpliría mi petición. La hora indicada se aproximaba, el lugar que elegí, totalmente oscuro, estaba repleto de chismosos, bondadosos y malvados. Mi canal de radio terminó y la estática comenzó a escucharse por todo el lugar. Los clicks empezaron, no era el único en prender y apagar la lámpara, muchos de los espectadores también llevaban la suya para ayudarme. Todas dejaron de servir, rompiéndose de manera sorpresiva, todas excepto la mía. Oz había llegado. Apuntaba hacia él la luz de mi artilugio, logré contemplarlo. Bajaba de los cielos con una enorme capa negra, ésta le cubría todo el cuerpo y parte de la cara, la luna se asomaba para hacerlo ver imponente, oh poderoso y sabio Señor Click. Todos callaban.

–¿Has visto la luna ya? Está más hermosa que nunca.

La gente comenzó a reír, no se formó una carcajada en conjunto, sin embargo, las pequeñas risas se percibían. Oz volteaba a observarlos.

–Bueno, también veo que has traído amigos.
–Ellos no son mis amigos, tú me quitaste a la única que lo era.
–¿Yo? Creo que estás en un error, si alguien me pidiera terminar con la vida de otra persona, jamás lo cumpliría.
–No me equivoco, uno de tus deseos fue la causa de su muerte.
–Es imposible, muchacho, tampoco cumpliría una petición de suicidio.
–No entiendes, ¿verdad? Ella te pidió amar.
–Recuérdamela, no es la única que lo ha pedido.
–Tiene poco que vino, de hecho, estamos en el mismo lugar en el que te llamó.
–Esa mujer habló de ti, dijo que eras un buen hombre. Tiene razón.
–¿Lo dijo?
–Cuando cumplí su deseo, ella pensó que llegarías tú en vez del ser que creé.
–¿Por qué le hiciste eso?
–Seguí su petición tal cual la dijo, ella me pidió amar, mas no...
–Ser amada.
–Qué listo.
–¿No pensaste en las consecuencias? ¿No imaginaste lo que llegaría a suceder cuando tu creación se marchara?
–Ese ya no es mi trabajo, muchacho.
–Jamás piensas en eso, ¿cierto? A ti sólo te importa cumplir.
–Tienes un corazón enorme pero cuidado, que empiezo a dudar de ti.
–¿Ahora sí dudas? No deberías de dudar en si la gente es buena o mala, deberías de dudar en si tus deseos dañarán o no a la persona. ¿Es que no piensas en ellos? Somos humanos y todos metemos la pata, ¿no crees que es hora de arreglarlo?
–No.
–¡Carajo! ¿Por qué no?
–Porque yo no soy humano.

Un silencio absoluto se adueñó del ambiente, había gente que en verdad pensaba que lo era. Mi petición ahora se encontraba muy lejos de ser cumplida, pero las respuestas comenzaron a llegar.

–Entonces, ¿por qué vienes cada que te piden algo?
–Porque alguna vez lo fui. Y no quiero que terminen en lo que yo terminé.
–¿De qué hablas?
–Los genios hemos existido desde fechas inmemorables, pero sólo puede haber uno en el universo, teniendo un antecesor y esperando un sucesor. El anterior a mí fue el peor de todos, no tenías que encontrarlo, él te encontraba a ti. Daba igual si fueras bueno o malo, él cumpliría cualquier palabra. Pidiendo asesinatos, catástrofes, extinciones, trampas. Quise acabar con él, esperaba con ansias su llegada y cuando había perdido la esperanza, llegó. Pedí su muerte. Convirtiéndome yo, en el nuevo, jurando, en mis últimos momentos de ser humano, ayudar sólo a los que en verdad lo necesitaran.

Su historia fue contada sin ningún sentimiento, como si la hubiera inventado o leído de algún papel viejo. Era verídico, pero no se notaba ninguna señal de arrepentimiento en él.

–No haces más que empeorar las cosas.
–Muchacho, mi trabajo es cumplir a los buenos, no pensar en sus consecuencias.
–Es increíble.
–No cedas a la tristeza, joven, piensa en que ahora estoy aquí para cumplirte un sólo deseo.

Los murmullos empezaron a invadir la escena, todos sabían lo que pronto sucedería, conocían mis intenciones y mi deseo, estaban ahí para verlo cumplir. No lo harían. Comprendí todo.

–Deseo que tengas sentimientos. Deseo que vuelvas a ser humano. Deseo que tengas un corazón, Señor Click.

La gente empezó a abuchear, a gritar majaderías, a provocar desorden. Oz me miró, asustado, empezaron a caer truenos alrededor de toda la zona, el genio ascendía a los cielos pero no parecía ser él quien lo hacía, alguien lo llevaba, alguien más poderoso que él. Comenzó a gritar, parecía alegría, a la vez ira y a su vez dolor. Sus gritos eran extraordinariamente fuertes, podían aturdir a cualquiera pero no a mí, que veía la escena totalmente asombrado. Se veía debilitado, poco a poco volvía a bajar pero no al grado de pisar el suelo, su cuerpo se levantó como si en verdad estuviera en el piso y se quedó ahí, estático por un momento. Su expresión era extraña, ¿sonreía? Sus ojos se fijaron en mí y pude ver cómo caía una lágrima de ellos. Mi petición se había cumplido.

–Gracias.

La gravedad volvió a hacer uso de la razón y Oz cayó en picada. Todos se asomaron a verlo. Su capa ya no estaba, ni siquiera se veía el ser poderoso e imponente que todos admiraban. En el suelo, tirado, se encontraba un muchacho aún más joven que yo, casi un niño. De tez blanca y cabello rubio, estaba inconsciente. Me quedé impactado y seguramente no fui el único. Los truenos regresaron pero ahora caían más agresivos y grotescos, temí por el muchacho que alguna vez fue el Sr. Click y corrí para tratar de protegerlo, pero alguien me alejó de él. Creí que era una persona que prefería no me acercara al antiguo Oz, pero no era así, estaba flotando en el aire. Algo poderoso e invisible me sostenía en lo más alto del mundo para ser el siguiente. Los rayos comenzaban a caer cada vez más cerca de mí. Escuchaba voces, susurros, gemidos, gritos de todos los genios que habían pasado por lo mismo, inclusive al Señor Click y su predecesor. Uno de los truenos me alcanzó, la gente dice que me desintegré por completo. Ahora yo soy el sucesor. Y aquí estoy, contando mi historia a un absurdo humano que encontró la manera de hallarme y de hacerme cumplir uno de sus estúpidos caprichos. Así que, cuéntame, muchacho. ¿Cuál es tu deseo?