Enseñarte mis escritos es desnudarme ante ti.
Quizá me conozcas.
Quizá seamos amigos desde hace mucho tiempo.
Y al verme sin ropa te darás cuenta de los defectos que tengo y nunca habías notado en mí.
Podrías ver que el muchacho sonriente que observas pasar por la calle es sólo otro personaje principal de mi mundo.
Porque aquí, desnudo, no soy el mismo.
Aquí, soy yo.
Enseñarte mis escritos es desnudarme ante ti.
Quizá no tienes idea de quién soy.
Quizá no entiendas cómo carajo llegaste hasta aquí.
Y me estás viendo desvestido.
¿Cómo sé que tus intenciones no son malas?
¿Cómo sé que no plagiarás mis textos?
¿Cómo sé que no me harás tuyo por la fuerza, te burlarás y le presumirás al planeta que me diste por atrás?
Enseñarte mis escritos es desnudarme ante ti.
Porque, conociéndome o sin conocerme, me estás viendo como soy, sin ninguna vestimenta.
Corriendo el riesgo de desilusionarte, de haber esperado más de mí.
O darte el gusto de caerte un poquito mejor, de aceptar a este despojado tal y como es.
Enseñarte mis escritos, es desnudarme ante ti.
1 comentario:
Escribir siempre es desnudarse.
Y la respuesta a las preguntas acerca de las intenciones del lector es simple: No puedes saberlo.
Por eso siempre hay que esconderse un poco bajo una fina capa de metáforas, bajar la intensidad de la luz con alegorías y protegerse con un código secreto que sólo los interesados conozcan, y para el resto del mundo... dejar que la imaginación les guié.
Publicar un comentario