Regresemos una vez más a ese lugar que solíamos llamar perrera.
Volvamos de nuevo al sitio en donde nos quitamos esta asquerosa piel para convertirnos en lo que verdaderamente somos.
Para comernos como bestias y sentir tu cálido aliento veneno.
Para que tu saliva olor carmesí recorra todo mi cuerpo y se detenga en el labrador que algún día dará vida a otro ser.
Para lamerte hasta el infinito, dulce flor marchita.
Para fundirnos y revivir tu gesto de placer, ese que siempre será más hermoso que el de alegría.
Para entrar al animal salvaje que has llevado contigo todo este tiempo.
Para que me muerdas y me arranques el labio.
Para que me arañes, me gruñas, me devores, me grites cuánto me odias, jales mi cabello y me azotes a tu cadera.
Regresemos una vez más a ese lugar que solíamos llamar perrera.
Volvamos de nuevo al sitio en donde nos quitamos esta asquerosa piel y nos convertimos en lo que verdaderamente somos.
Regresemos una vez más al lugar en donde habitan los monstruos.
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