—¿Iván?
La media hora de silencio había terminado. Lo que acabamos de hacer no tiene nombre, creí que nunca más en mi vida ocurriría y sin embargo, aquí estoy de nuevo, plantado en la misma situación. Volteo de inmediato para dejar de darle la espalda. Su cara es muy diferente a la de antes, sus ojos se ven llorosos pero aún así muestran un brillo que en mi vida había visto. Ya no es ella. Ya no es mi mejor amiga.
—Dime—contesto, seguro de mí mismo.
Se muerde el labio, no con la intención de besarme, creo que le cuesta trabajo decir lo siguiente. Sé cuál es su pregunta, sé qué es lo que sucede momentos después de acostarte con tu mejor amiga. La vez anterior, hace años, cuando ocurrió en ese entonces con otra mujer, ambos decidimos no hacer preguntas y seguir gritando en la cama los días posteriores. Pasaron los meses y empezamos a distanciarnos, a darnos cuenta de que lo nuestro sólo había sido una calentura de verano. A ella la perdí, y quizá a ésta, también. Luego de trabarse en varios intentos, se arma de valor y por fin escupe lo que tiene que escupir.
—¿Qué somos?
¿Por qué me preguntas eso? ¿Por qué nos martirizas con algo que no merece una respuesta? Hicimos el amor, sí, y la gente cree que con hacerlo ya tiene a la otra persona asegurada. En pleno siglo XXI hay hombres y mujeres que aún sienten fe en estas relaciones. Fue un error el habernos besado, el haberte desabrochado el brassiere y haber lamido lo que nunca debí lamer. Gané experiencia, gané placer, gané una buena noche y a una buena amante. ¿Qué somos? ¿Te gusta ser cínica? Somos lo que hay que ser, ¿y amigos? ¿Después de esto? después de arañarme la espalda, de pedir que me detenga mientras tus piernas me seguían empujando a tu sexo, después de morderme, después de chuparte lo que no sabías que se podía chupar, después de sentarte en mi cara, de gritarme, de hacerme sentir tan bien. ¿Qué somos? ¿Qué quieres ser luego de una tremenda faena con tu mejor amigo? ¿No me habías llamado, llorando? Me pediste ir a tu casa por teléfono, entre lágrimas, para contarme la pelea que tuviste con tu novio. ¿Cómo llegamos hasta aquí? Acostados. Desnudos. En la cama de tus papás. ¿Por qué nos besamos? Sentí dentro de mí un impulso que me hizo desearte, consolarte, sentirte, cuidarte. Hacerte lo que ese idiota nunca supo hacer. Y de un momento a otro desabotoné tu camisa, te quité tus pants. Fuimos uno.
Nada. Ya no podemos ser nada. Ni amantes, ni amigos, ni siquiera conocidos. Ahora sólo debemos ser el recuerdo. Ahora sólo debemos ser el olvido.
1 comentario:
El sexo nunca es un error. El error es la falta de sinceridad en las relaciones.
Publicar un comentario