Creador de falsas ilusiones y esperanzas secas. Muchos veían en él un héroe, pocos veíamos un farsante. Cumplía todo lo que le pedías a cambio de nada. Mujeres, casas, amor, autos, riquezas, lujos y demás. Pero sólo te ayudaría si en verdad tenías un buen corazón. La gente lo llamaba Señor Click, los que no creíamos en él, Oz, ya te imaginarás por qué. Para encontrarlo, bastaba con esperar a las tres de la mañana en cualquier parte de la ciudad con una lámpara de mano y un radio, el lugar debía de ser oscuro y al terminar de sintonizar al aire la estación de tu preferencia, debías apagar y prender la luz de tu pequeña amiga mientras la distorsión del aparato se escuchaba. Según los rumores, Oz tenía una excelente percepción del sonido y gracias a esto, escucharía con facilidad los clicks de tu lámpara. Si corrías con suerte, llegaría al poco tiempo contigo y empezarían a charlar, los que lo vivieron, comentan que Oz hablaba de cualquier cosa, como si fuese una persona, muchos creían que lo era. Mediante sus pláticas, él sabría (o deduciría) qué tan buena gente pedía su llegada y; si en verdad eras noble y puro, cumpliría uno solo de tus caprichos.
Quizá pienses que era bueno, pero te equivocas, siempre fue el ser más despiadado y cruel sin que nadie lo supiera. Cuando los humildes obtenían lo que pedían, olvidaban su bondad y se convertían en personas envidiosas, consumidos por la avaricia y una absurda idea de tenerlo todo con unos cuantos clicks. Muchos lo volvían a llamar pero él ya no les cedía su petición, pues ahora eran gente burda y egoísta, personas que ya no pensaban en nadie más, mas que en ellas mismas, haciéndolos caer en desesperación, loquera, un estrés estúpido al saber que ya no tendrían sus sueños a la mano. La gran mayoría buscaba venganza, seguir actuando mal, otros preferían una respuesta más fácil y acababan con su vida. Eran pocos los que regresaban a ser los mismos. Aún así, aunque la gente conociera las consecuencias, seguían llamándolo y él seguía acudiendo, "yo no caeré en su truco", prometían todos y cumplía nadie.
Decidí ignorarlo hasta saber que una de mis más grandes amigas lo había invocado. La pobre, que desde que la conocí buscaba alguien para amar, pidió al hombre que querría a su lado por siempre. Y llegó, no era yo, por supuesto, y eso de cierta manera me entristeció, siempre creí que mi vida terminaría a su lado, tomados de la mano. Llegó pero no para quedarse, ella lo amó, sin duda alguna, pero él a ella no. La mujer sólo había pedido amar, olvidando la parte más importante, ser amada. Y sí, desde ese momento, aunque aquél hombre era otra falsa promesa del "grande, misterioso y poderoso" Oz, ella ya nunca quiso estar con nadie más, buscándolo, creyendo que regresaría. Pensó en esperarlo en otro mundo, yéndose de éste, dijo que cuando él volviera y supiera que ya no estaba más aquí, también se iría para estar juntos, de nuevo, en el limbo. Se pegó un tiro. Fue una extraordinaria patada de la vida para mí, era la única que en verdad me importaba. Quería su regreso, quería volverla a tener y decirle las cosas que nunca le pude decir, hacer que olvidara su falsa ilusión y amarla más que antes, declararle mi amor. ¿Y si se lo pedía a Oz? ¿Y si el fantástico hombre cumpliera lo que tanto anhelaba? Era increíble, totalmente ilógico a la vida del ser humano. Sin embargo, la quería de vuelta. Estaba decidido a llamarlo.
Los rumores no tardaron en llegar, la gente empezaba a conocer mi historia y quería ver el acontecimiento con sus propios ojos, saber si el mágico Sr. Click cumpliría mi petición. La hora indicada se aproximaba, el lugar que elegí, totalmente oscuro, estaba repleto de chismosos, bondadosos y malvados. Mi canal de radio terminó y la estática comenzó a escucharse por todo el lugar. Los clicks empezaron, no era el único en prender y apagar la lámpara, muchos de los espectadores también llevaban la suya para ayudarme. Todas dejaron de servir, rompiéndose de manera sorpresiva, todas excepto la mía. Oz había llegado. Apuntaba hacia él la luz de mi artilugio, logré contemplarlo. Bajaba de los cielos con una enorme capa negra, ésta le cubría todo el cuerpo y parte de la cara, la luna se asomaba para hacerlo ver imponente, oh poderoso y sabio Señor Click. Todos callaban.
–¿Has visto la luna ya? Está más hermosa que nunca.
La gente comenzó a reír, no se formó una carcajada en conjunto, sin embargo, las pequeñas risas se percibían. Oz volteaba a observarlos.
–Bueno, también veo que has traído amigos.
–Ellos no son mis amigos, tú me quitaste a la única que lo era.
–¿Yo? Creo que estás en un error, si alguien me pidiera terminar con la vida de otra persona, jamás lo cumpliría.
–No me equivoco, uno de tus deseos fue la causa de su muerte.
–Es imposible, muchacho, tampoco cumpliría una petición de suicidio.
–No entiendes, ¿verdad? Ella te pidió amar.
–Recuérdamela, no es la única que lo ha pedido.
–Tiene poco que vino, de hecho, estamos en el mismo lugar en el que te llamó.
–Esa mujer habló de ti, dijo que eras un buen hombre. Tiene razón.
–¿Lo dijo?
–Cuando cumplí su deseo, ella pensó que llegarías tú en vez del ser que creé.
–¿Por qué le hiciste eso?
–Seguí su petición tal cual la dijo, ella me pidió amar, mas no...
–Ser amada.
–Qué listo.
–¿No pensaste en las consecuencias? ¿No imaginaste lo que llegaría a suceder cuando tu creación se marchara?
–Ese ya no es mi trabajo, muchacho.
–Jamás piensas en eso, ¿cierto? A ti sólo te importa cumplir.
–Tienes un corazón enorme pero cuidado, que empiezo a dudar de ti.
–¿Ahora sí dudas? No deberías de dudar en si la gente es buena o mala, deberías de dudar en si tus deseos dañarán o no a la persona. ¿Es que no piensas en ellos? Somos humanos y todos metemos la pata, ¿no crees que es hora de arreglarlo?
–No.
–¡Carajo! ¿Por qué no?
–Porque yo no soy humano.
Un silencio absoluto se adueñó del ambiente, había gente que en verdad pensaba que lo era. Mi petición ahora se encontraba muy lejos de ser cumplida, pero las respuestas comenzaron a llegar.
–Entonces, ¿por qué vienes cada que te piden algo?
–Porque alguna vez lo fui. Y no quiero que terminen en lo que yo terminé.
–¿De qué hablas?
–Los genios hemos existido desde fechas inmemorables, pero sólo puede haber uno en el universo, teniendo un antecesor y esperando un sucesor. El anterior a mí fue el peor de todos, no tenías que encontrarlo, él te encontraba a ti. Daba igual si fueras bueno o malo, él cumpliría cualquier palabra. Pidiendo asesinatos, catástrofes, extinciones, trampas. Quise acabar con él, esperaba con ansias su llegada y cuando había perdido la esperanza, llegó. Pedí su muerte. Convirtiéndome yo, en el nuevo, jurando, en mis últimos momentos de ser humano, ayudar sólo a los que en verdad lo necesitaran.
Su historia fue contada sin ningún sentimiento, como si la hubiera inventado o leído de algún papel viejo. Era verídico, pero no se notaba ninguna señal de arrepentimiento en él.
–No haces más que empeorar las cosas.
–Muchacho, mi trabajo es cumplir a los buenos, no pensar en sus consecuencias.
–Es increíble.
–No cedas a la tristeza, joven, piensa en que ahora estoy aquí para cumplirte un sólo deseo.
Los murmullos empezaron a invadir la escena, todos sabían lo que pronto sucedería, conocían mis intenciones y mi deseo, estaban ahí para verlo cumplir. No lo harían. Comprendí todo.
–Deseo que tengas sentimientos. Deseo que vuelvas a ser humano. Deseo que tengas un corazón, Señor Click.
La gente empezó a abuchear, a gritar majaderías, a provocar desorden. Oz me miró, asustado, empezaron a caer truenos alrededor de toda la zona, el genio ascendía a los cielos pero no parecía ser él quien lo hacía, alguien lo llevaba, alguien más poderoso que él. Comenzó a gritar, parecía alegría, a la vez ira y a su vez dolor. Sus gritos eran extraordinariamente fuertes, podían aturdir a cualquiera pero no a mí, que veía la escena totalmente asombrado. Se veía debilitado, poco a poco volvía a bajar pero no al grado de pisar el suelo, su cuerpo se levantó como si en verdad estuviera en el piso y se quedó ahí, estático por un momento. Su expresión era extraña, ¿sonreía? Sus ojos se fijaron en mí y pude ver cómo caía una lágrima de ellos. Mi petición se había cumplido.
–Gracias.
La gravedad volvió a hacer uso de la razón y Oz cayó en picada. Todos se asomaron a verlo. Su capa ya no estaba, ni siquiera se veía el ser poderoso e imponente que todos admiraban. En el suelo, tirado, se encontraba un muchacho aún más joven que yo, casi un niño. De tez blanca y cabello rubio, estaba inconsciente. Me quedé impactado y seguramente no fui el único. Los truenos regresaron pero ahora caían más agresivos y grotescos, temí por el muchacho que alguna vez fue el Sr. Click y corrí para tratar de protegerlo, pero alguien me alejó de él. Creí que era una persona que prefería no me acercara al antiguo Oz, pero no era así, estaba flotando en el aire. Algo poderoso e invisible me sostenía en lo más alto del mundo para ser el siguiente. Los rayos comenzaban a caer cada vez más cerca de mí. Escuchaba voces, susurros, gemidos, gritos de todos los genios que habían pasado por lo mismo, inclusive al Señor Click y su predecesor. Uno de los truenos me alcanzó, la gente dice que me desintegré por completo. Ahora yo soy el sucesor. Y aquí estoy, contando mi historia a un absurdo humano que encontró la manera de hallarme y de hacerme cumplir uno de sus estúpidos caprichos. Así que, cuéntame, muchacho. ¿Cuál es tu deseo?
1 comentario:
uuuuuffff, grandioso.
felicidades por las letrasz.
atte: Señor Click
Feisbook. Señor Click
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